De la foto digital de Paula –que sacó ella mismita- hice una ampliación.
La verdad, me hubiera gustado más grande, pero en la farmacia de por acá, ese era el tamaño más grande que me dejaban hacer en el maquinita de ampliar-imprimir fotos digitales. La puse en un cartón negro que le quedo de lo más monono. Y ahí esta en mi pared.
Desde entonces, Pau me observa risueña desde su rincón entre hojas del otoño de Cipolletti.
Esa foto es la que más me gusta de esta serie… la verdad, salieron todas bastante bien, tal vez sea el comienzo de una gran carrera artística.
El recuerdito del Centro Cívico de Bariloche junto a un pequeño percherito decorativo que me mando gabi de Europa. Creo que de los Alpes italianos…

