El barrio Latino lleno de vida. Montmartre, muy turístico. Los recorrí con ganas y gusto. Tomé los consabidos cafecitos, claro. Comí panqueques o crepes y alguno que otro apéritif.
Por la Avenue des Champs Elysees, me encontré con algo de Tailandia. Me hizo acordar a mi hermanito y le saque unas fotos. Un señor con poco aspecto francés pero apariencia tai se me empezó a acercar y me fui temeroso que no entienda esto de argentinos que viven en USA, visitan París y se acuerdan de hermanos menores que viven en el Reino de Tailandia.
Bajando desde Montmartre hay una avenida muy entretenida y fue ahí que me encontré con un famoso icono parisino que no tenía presente; el Moulin Rouge. La verdad, me desilusionó un poco, me lo hacia más grande.

A esta altura, no sorprenderá al atento lector o la dedicada lectora que han llegado tan lejos en la lectura, que me atreva a emitir afirmaciones de cierto absolutismo; París es, probablemente, lo que más me gustó del viaje. Claro que visitar amigos fue parte importantísima del viaje. Y hubo experiencias inolvidables como cruzar el Atlántico, pero esos dos días en París y lo que vi en las caminatas, los recuerdo como muy, pero muy memorables.
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