Le café

De arriba del bus ése el del tour, vi muchos lugares lindos a los que quise volver caminando. Por ejemplo, ni bien empezó, divisé un café que a mi juicio era muy parisino (o la idea que yo tenía de lo Parisino) y me aseguré que tenía que recordar su ubicación para volver. No pasó mucho tiempo hasta que caí en la cuenta de que esa esquina que tanto me había gustado, no estaba sola. Era una esquina más en las muchas esquinas de distinguida elegancia que valían la pena para recorrer y/o sentarse a tomar cafecito. Aporte importante he hecho a la industria del cafecito europeo, tomé más bien MUCHOS. Eran una especie de posta del caminante. Se conjugaban cierta necesidad por sentarme a disfrutar del lugar desde una mesita de café y el cansancio de la caminata. Existía también un tercer factor que era la confección de tarjetas postales que enviaría en cuanto se avistara alguna oficina de correos.



Todo esto, tanto en París como en Barcelona o Lisboa. Una vez caída la noche, especialmente en climas menos rigurosos como los de España, el cafecito se veía reemplazado por un aperitivo. Costumbre esta que extraño en este país donde vivo.



Caminé toda la Champs Enlisées pero no me senté a cafecito ahí, cobraban 6 euros, nueve dólares o 18 pesos rioplatenses. Hasta me tomé uno en la cafetería de la Torre Eiffel. Caminando por el barrio latino, me encontré que había edificios llenos de estudiantes, no pude identificar exactamente de que se trataba, pero seguramente era universidad o algún instituto terciario o varios, en distintos edificios. Lo notable de este lugar es que había una protesta, entiendo que relacionada con la huelga que le hicieron a Monsieur le Président, Nicolas Sarkozy. Mucho polizonte con equipo de abollar ideologías (Mafalda) y vallas cerrando las rués parisinás.

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