Ah, París…
Casi invernal...
Me levanto lo más temprano que puedo, la camita esta cómoda y calentita. Tomo un café con leche rápido y salgo a la calle.
Es un barrio en las afueras de París, hace frío y los chicos van a la escuela. Mientras camino, comento conmigo mismo sobre como los adolescentes se comportan parecido. Si no fuera por el francés, podría estar en Córdoba o en las afueras de Chicago. Hay chicos árabes, se nota. El barrio tiene edificios de oficinas de empresas grandes -bancos- y otros más chicos y modestos, son departamentos.
Este tren-metro (es tan grande la red que no se cuál es cuál) se llama RER y hace paradas mucho más espaciadas que el metro común. Lo que fue seguramente una ventaja, hubiera tardado mucho más en otro tren o en bus.
La puerta de entrada estaba medio convulsionada por los paros de transporte, la noche anterior, la de mi llegada, había cámaras, de televisión, supongo, haciendo reportajes y la gente en el frío y la escasa luz, se mostraba reacia. Claro, todo esto, detectado en forma de suposición, ya que del francés, poco y nada. Me dirijo a la ventanilla con la intención de comprar un pase para ir, volver y tal vez recorrer París durante el día. La chica, que por suerte habla inglés, es muy amable y me informa que por el paro es gratis todo el día. Me da un buen mapa del sistema del Metro y bajo a la plataforma donde la gente se veía de poco humor. Muchos miraban sus relojes y resoplaban. El servicio estaba muy lento debido a los paros. El tren tardó apenas de veinte minutos a media hora, pero claro, para los parisinos, acostumbrados a un servicio frecuente, una espera tipo subte de Buenos Aires, es la muerte. Esperé poco en realidad. La noche anterior, la espera fue mucho más larga y la gente refunfuñaba muchísimo. Los insultos y maldiciones, aún cuando uno no las entiende, tienen un tono casi idéntico en todos los idiomas. Los occidentales, supongo, no será lo mismo en tai…
Hay un quiosco de diarios (¡cuántas revistas en francés!) y un barcito tipo “de parado”. No me puedo resistir, me tomo un café con leche y una deliciosa croissant con chocolate, de ésas que hay por todos lados.
Si bien los dulces de panadería -los que en Argentina son facturas- son muy famosas en Francia, me pareció que en Alemania había mucha más oferta. Estaba lleno, por todos lados comercios muy abiertos a la calle con vitrinas grandes y muy iluminadas llenas de dulces tipo croissant. Lo que si no tengo duda que hay más oferta en Alemania es de pan. Mucha variedad y cantidad.
Decidí irme directo al lugar donde siempre me imaginé parado, cuando visitara París; ¡el Arco del Triunfo! Cuando llegué, subí las escaleras de la salida del Metro con precaución. Como si fuera que el arco ése, tan famoso, no existiera y hubiera sido victima de un engaño con fotos trucadas toda mi vida. No, claro, ahí estaba.
El arco, como ya muchos sabíamos sin haber estado ahí, tiene una gran rotonda que leí en algún lado, es la más grande del mundo. Aunque, siempre ejercito la precaución con estas declaraciones de “el más grande del mundo”. La rotonda si que es grande. Se me vino inmediatamente el recuerdo de mi primo Enrique, el que vive cerca de Barcelona pero vivió en Paris unos años que contaba que el arco no tiene ningún semáforo y, a pesar del tráfico agitado, no hay accidentes. Efectivamente, como lo relató primo Enrique en su momento, el tráfico es intenso y medio caótico. Es que entre los autos y los muchos buses de turismo que pululan (¡muchos, éh!), algún camioncito de repartos y esas cosas, el trafico es desordenado en un pequeño caos muy bien controlado. Todos giran, todos quieren salirse por alguna calle.
El círculo central es grande, el arco también muy grande y estaba lleno de turistas. No se veía ningún lugar para cruzar y como ya expliqué, el tráfico, ¡tenaz! Me dije: “no creo que no se haya previsto en este lugar un método para cruzar que no sea arriesgar la vida en este mar de tráfico. Empecé a caminar orbitando la rotonda y enseguida encontré el túnel para pasar al otro lado. Me hizo acordar al túnel en Buenos Aires para cruzar Libertador a la altura del zoológico que tanto me gustaba de chico.
Ni bien llegué al otro lado y empecé el ascenso, aparecen los carteles anunciando todas las posibilidades que existen pagando en euros. Me quedé en la base, no subí nada y saqué muchas fotos.
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