Ahí fue que me encontré con los primeros brasileros. Había una zona toda cerrada y vallada –quien sabe porque- y ahí estaba un grupito, conversando sobre la fotos que sacaron o que sacarían, parados bien en el medio del acceso a esa zona y cada uno de los turistas que querían pasar, tenían que dar un complicado rodeo. Cuando paso yo y les digo “pardón” tratando de pensar en francés como decía que hay que hacer Libertad, la amiga de Mafalda, los escucho hablar y me doy cuenta: son brasileros.
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Típico de brasileños; se paran en medio del paso y que el resto del mundo se arregle.
Más adelante y durante mis dos días de caminatas por París, escucharía hablar muchísimo portugués de Brasil. Quien sabe que extraño poder de atracción tiene París para los brasileros y que tipo de ventaja cambiaria con la moneda habrá en estas épocas…
No vi brasileros al por mayor en otras ciudades, ni en Lisboa ni en Barcelona.
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