Diciembre de 2009
Probablemente, este viaje de apenas 12 días, ha sido el que mejor he preparado en toda mi vida si descontamos los que hacía con turistas en mi época de guía, claro. Cuando lo pienso, es notable cómo salí a recorrer Sudamérica sin tener ni siquiera una guía de las que ahora ando cargando y consultando cual manual del Cortapalos.
Unos tres meses antes compramos un paquete que incluía un hotel de esos llamados "all inclusive resort” en la Riviera Maya que gozaba de muy buenas críticas en Internet.
La idea apareció mirando las ofertas de Expedia, que tenían precios realmente convenientes. Tuvimos que hacer algunos ajustes especiales porque queríamos llegar una semana antes a Cancún, alquilar un auto y salir de recorrida. En lugar de quedarnos en el hotel desde el día de llegada, pasaríamos los últimos cinco descansando en una playa del Caribe mexicano.
El viaje en general estuvo bárbaro pero el descanso no fue tal porque los dos tenemos esta tendencia de salir a recorrer, ver, conocer y no quedarnos quietos en un solo lugar.
El vuelo fue hasta Cancún, donde llegamos después de pasar toda la noche entre dos aviones y una espera en el aeropuerto de Houston, Texas. Por supuesto, que no pensábamos quedarnos en Cancún, hay tanto para ver en la península de Yucatán... sin embargo ni bien salimos del aeropuerto en nuestro autito Dodge beige, nos dirigimos hacia la llamada zona hotelera para ver si encontrábamos algún lugarcito, lo más mexicano posible, para comer. Esa pequeña recorrida me bastó para tener una idea de cómo es Cancún. O por lo menos eso creo. En el mapa se ve una avenida bastante larga que recorre este istmo entre el mar Caribe y una laguna llamada Nichupté y yo me imaginaba la vista del mar salpicada de grandes hoteles sobre la playa. Resultó peor, los hoteles sobre la playa forman una muralla de cemento que tapa y aísla la carretera. Solamente se ven las entradas a los hoteles con sus casetas de vigilancia y grandes letreros de atractiva tipografía sugiriendo un mundo idílico. Además, cada uno de estos “resorts” tiene su propio muro que mantiene a los huéspedes en un pequeño mundo de comodidad para que no sea necesario andar saliendo mucho mantener la mayoría de los dólares ahí adentro.
Llegamos a un centro comercial sobre el agua muy lindo y muy caro donde me comí unos tacos, probablemente los más caros de mi vida pero felices de estar ahí.
Ahí fue que salimos a las
carreteras de Yucatán
La autopista de Cancún a Mérida no merece mucha descripción. Otra cosa que resultó distinta de lo que yo me imaginaba; supuse que habiendo tanto turismo que recorre ese camino, la autopista estaría llena de servicios. Eso sí, te cobran como 30 dólares de peaje o “cuota” por 320 km.
Unos tres meses antes compramos un paquete que incluía un hotel de esos llamados "all inclusive resort” en la Riviera Maya que gozaba de muy buenas críticas en Internet.
La idea apareció mirando las ofertas de Expedia, que tenían precios realmente convenientes. Tuvimos que hacer algunos ajustes especiales porque queríamos llegar una semana antes a Cancún, alquilar un auto y salir de recorrida. En lugar de quedarnos en el hotel desde el día de llegada, pasaríamos los últimos cinco descansando en una playa del Caribe mexicano.
El viaje en general estuvo bárbaro pero el descanso no fue tal porque los dos tenemos esta tendencia de salir a recorrer, ver, conocer y no quedarnos quietos en un solo lugar.
El vuelo fue hasta Cancún, donde llegamos después de pasar toda la noche entre dos aviones y una espera en el aeropuerto de Houston, Texas. Por supuesto, que no pensábamos quedarnos en Cancún, hay tanto para ver en la península de Yucatán... sin embargo ni bien salimos del aeropuerto en nuestro autito Dodge beige, nos dirigimos hacia la llamada zona hotelera para ver si encontrábamos algún lugarcito, lo más mexicano posible, para comer. Esa pequeña recorrida me bastó para tener una idea de cómo es Cancún. O por lo menos eso creo. En el mapa se ve una avenida bastante larga que recorre este istmo entre el mar Caribe y una laguna llamada Nichupté y yo me imaginaba la vista del mar salpicada de grandes hoteles sobre la playa. Resultó peor, los hoteles sobre la playa forman una muralla de cemento que tapa y aísla la carretera. Solamente se ven las entradas a los hoteles con sus casetas de vigilancia y grandes letreros de atractiva tipografía sugiriendo un mundo idílico. Además, cada uno de estos “resorts” tiene su propio muro que mantiene a los huéspedes en un pequeño mundo de comodidad para que no sea necesario andar saliendo mucho mantener la mayoría de los dólares ahí adentro.
Llegamos a un centro comercial sobre el agua muy lindo y muy caro donde me comí unos tacos, probablemente los más caros de mi vida pero felices de estar ahí.
Ahí fue que salimos a las
carreteras de Yucatán
La autopista de Cancún a Mérida no merece mucha descripción. Otra cosa que resultó distinta de lo que yo me imaginaba; supuse que habiendo tanto turismo que recorre ese camino, la autopista estaría llena de servicios. Eso sí, te cobran como 30 dólares de peaje o “cuota” por 320 km.
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