La PLAYA

Merece una nota aparte. El color del Caribe siempre es de un azul lindísimo pero lamentablemente, no se ve el mar cuando uno viaja por la autopista desde Cancún a Tulúm. Está lleno de resortos que parecen que estuvieran compitiendo por la entrada mas espectacular.

Mucha gente nos comentó cómo se estropearon las playas de la Riviera Maya con el último huracán. Hasta escuchamos que el gobierno está importando arena de Arabia Saudita para arreglarlas.

Yo sabía que la playa del hotel estaba llena de piedras. En Venezuela y en Brasil estuve en más de una playa con piedras. Lo que yo me acordaba es que uno va entrando en el agua cristalina y vas viendo, a medida que uno avanza, donde hay piedras y donde hay arena. Me llevé una gran sorpresa cuando me quise meter en el agua la primera vez y me tropecé con piedras de toda forma y tamaño que no se veían. Mi teoría es que al ser la arena de estas playas tan pero tan fina y con lo ventoso que estuvo todos los días y el mar tan revuelto, la arena estaba

siempre en suspensión lo que no permite ver nada. En un lugar de la playa había lo que llamaban el iceberg, un inflable blanco que flotaba a unos 10 metros de la orilla. A la derecha de este mamotreto blanco, estaba siempre lleno de gente. Lo habían puesto ahí para marcar la estrecha franja, un espacio de unos 30 metros de ancho libre de piedras. Una tarde me puse la máscara y las patas de rana o "aletas" y me aventuré en el agua a ver que se veía. No mucho, creo que en esos breves momentos de calma entre una ola y la otra (chiquitas pero seguidas), la arena llegaba a depositarse y se veían algunos pececitos de colores. El mar me fue arrastrando y, como no se veía mucho y aunque estaba ale

jado de la costa, parece que llegué a una zona de rocas altas que llegaban muy cerca de la superficie y las toqué de un manotazo mientras nadaba. Mala suerte, parece que justo ahí había un erizo que me dejó tres espinas en un dedo.

En una de nuestras caminatas por la playa llegamos hasta lo que parecía ser un hotel abandonado. Alguien en el hotel ya me había contado que donde el mar se ve más azul y hay menos sombras oscuras, las posibilidades de que no haya piedras son mejores. Además yo había leído en Internet crónicas de otros huéspedes. Efectivamente, había una playa donde se podía entrar caminando y la arena era lisa y suave. Supongo que cuando construyeron ese monstruo de hotel, la playa era toda arena y se arruinó con los huracanes.

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