La visión que tuve esa tarde del novio enfundado en ese traje y esos zapatos, luchando para caminar con cierta dignidad sobre la arena junto a esa novia que parecía embutida en un vestido blanco ajustado como para contornear tejido adiposo, era más bien grotesca. Claro que si ellos fueran mis amigos y fuera esa la boda que ellos quieren, trataría de seguir la
corriente todo lo posible. Por supuesto que de ninguna manera estoy diciendo que esa gente estaba equivocada, simplemente que eso no es para mí.
No hay duda de lo importante que debe ser el tema bodas en México también. Una vez, caminando por el centro de un pueblo del estado de Jalisco que no tenía negocios o tiendas muy atrayentes, me topé con uno que se destacaba, parecía ser el mejor de todos. ¿Qué vendía? Si, vestidos de novia.
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