América sigue un poco tristona.
El monstruo de la quimioterapia mostró
sus garras durante los últimos tres o cuatro días. Náuseas, dolores, molestias,
irregularidades intestinales, decoloraciones linguales y alguna que otra
maldita tristeza que ronda la ronda. Se mete por las rendijas de las ventanas y
se instala por un rato. Entonces, llegan al rescate esas cositas redondas,
blanquitas en envases plásticos de color naranja y con etiquetas que dicen
"cada seis horas", "cada ocho horas", etc.
A veces, es una película, entretenimiento
de unos 100 a 120 minutos que nos distrae. Nos hace pensar en otra gente, que
está peor debido a que perdió la memoria y resulta que en lugar de ser un
renombrado científico no era más que un asesino a sueldo. O nos hacen reír y
hasta soñar. Las comedias bobas son bastante eficaces en esos menesteres.
También, hay que recurrir a los servicios
profesionales. América ya tiene su psicóloga que habla uno poquito de español
entreverado pero que no parece importarle mucho. En esos cinco minutos en la
sala de espera, completamos un formulario que, supuestamente, estaba en
español. La traducción era tan mala que nos sirvió de sano entretenimiento. Después
de terminar la primera sesión, América me cuenta que, aunque habló en inglés
todo el tiempo, había palabras que no le salían y probaba en español. Pero esta
profesional de la psiquis, que dice hablar español, confundió la palabra "mujer
soberbia" con "mujer suburbana".
El viernes habrá más consultas con profesionales
para evaluarla y tratar de que se sienta lo mejor posible.
Los dolores y achaques musculares de la
espalda, los hombros y el cuello nos llevaron a hacer algunas llamadas
telefónicas para encontrar ayuda profesional en esa área. Finalmente
encontramos a una tal Andrea que atiende en su casa. Una residencia grandota (aunque
no tan grande para el barrio donde está) toda rodeada de verde donde América
recibe masajes y fisioterapia o "terapia física". Todo lo cubre su “obra
social” o seguro de salud de Microsoft. Igual que el resto de las consultas,
terapias, tratamientos y pastillitas, líquidos y esas cosas.
Triste pero no
Pero, a pesar de que hay veces que entra un poco de agua, nuestra heroína no suelta los remos ni deja de remar, aunque sea un poquito. Le busca la vuelta para alimentarse sin que le haga mal (mucho yogur), buscamos a los profesionales necesarios para tratar las averías del momento y evitarlas, en lo posible, en el futuro. Se hace tiempo y hace el esfuerzo para ver y estar con sus hijas (ayer hasta les cocinó), escucha los consejos y sigue las indicaciones. Trata de tener algunas cosas bajo control y está pensando en la posibilidad de trabajar la semana que viene.
AGRADECIMIENTOS POSTERGADOS
Pero, a pesar de que hay veces que entra un poco de agua, nuestra heroína no suelta los remos ni deja de remar, aunque sea un poquito. Le busca la vuelta para alimentarse sin que le haga mal (mucho yogur), buscamos a los profesionales necesarios para tratar las averías del momento y evitarlas, en lo posible, en el futuro. Se hace tiempo y hace el esfuerzo para ver y estar con sus hijas (ayer hasta les cocinó), escucha los consejos y sigue las indicaciones. Trata de tener algunas cosas bajo control y está pensando en la posibilidad de trabajar la semana que viene.
AGRADECIMIENTOS POSTERGADOS
Mientras escribo no dejo de pensar en
aquel agradecimiento que estamos pensando en dar forma y que, al final, entre
bataholas de náuseas y ansiedades, no logramos terminar. Me gustaría incluir
algunas palabras de reconocimiento y agradecimiento a todos esos llamados,
mensajes, ideas, textos, cartas, comentarios, ofrecimientos, solidaridades y
donaciones. También a todas esas ayudas materiales o virtuales, planeadas o
espontáneas, que no dejan de llegar desde unas pocas cuadras hasta de miles de
kilómetros. Las mandan amigos y familiares, compañeros de trabajo, conocidos,
semi conocidos de facebook, antiguos conocidos, desconocidos y algunos otros.
Los que la llevan a América y la traen, le cocinan, me cambian el turno en el
hospital, las flores, los que sugieren mejores recorridos para llegar a donde
hay que ir, los que van a limpiar, los que llaman, traen comida, la escuchan,
etc., etc., etc.
Mañana es un día grande. Se llama jueves y es el día en que Antón llegará a las nueve de la mañana para esquilar la bella cabellera que quedará inmortalizada en una peluca que América quiere donar, al final de las tormentas, para alguien que no la pueda pagar. La de mañana va a ser una ola de las más grandes de la tormenta.
El mismo día, a la tarde o a la noche,
estará lista la peluca de pelo natural.
También, hoy o mañana llegarán las gorras,
escafandras y demás accesorios para la cabeza que América encargó en TLC, la
tienda de la American Cancer Society. (ver aquí)


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