Tercera

Son las 10 y media de la noche, casi. Escribo tratando de no hacer mucho ruido mientras América duerme y se escucha el ruido de la bomba. Tengo un gran ventanal a mi derecha que da a un estacionamiento rodeado de árboles.

Desde la última vez que escribí las cosas no siguieron muy bien. Supongo que así es este proceso. Por ejemplo, para tratar una enfermedad se necesitan cosas como una sonda adentro del abdomen y pareciera que termina siendo peor el remedio que… no, no es cierto, el remedio será todo lo que quieras, pero la enfermedad es peor. Son pasos que se dan para lograr dar otras zancadas. Se arregla esto por acá, y se desarregla esto otro por allá, pero es temporal. Mientras, uno aprende a escuchar lo que el cuerpo va diciendo.

América estaba con dolores que no eran terribles pero que lentamente iban empeorando. El dolor, siempre en el abdomen pero ha ido cambiando de lugar, forma e intensidad. Ayer martes, llamó a su oncólogo para consultarle. El hecho de que le dijera que le dolía al respirar fue motivo para que la indicación fuera "ER" (Emergency Room). Como parecía no ser gran cosa, en lugar de ir al Northwest Hospital que está al norte de Seattle, nos fuimos al Evergreen en Kirkland, más cerca de Redmond, donde vive ella. La idea era que le hicieran algunos estudios como para quedarse tranquilos y descartar algo serio como un coagulo en un pulmón. Nos preparamos porque sabemos que estas cosas toman horas. A América le gusta más el Evergreen porque es más nuevo y elegantón. En las cuatro horas que estuvimos le hicieron tomografía, ecografía, sangre, orina y electrocardiograma. Todo bien.

Siempre optimistas, atribuíamos el dolor al aumento de actividad del fin de semana sumado al hecho de su regreso al trabajo el lunes que estuvo en el hospital varias horas. Quiero decir, estuvo en Children's, trabajando. Tanto decir "hospital" que uno no sabe si es como paciente o no. El miércoles se iba la mamá de América temprano y yo me quedé con ella porque no se sentía del todo bien. Me tocaba trabajar desde casa así que me constituí en el living de su departamento con una tecnología de tipo portátil. La misma con la que escribo esto. Esa noche durmió bien pero después, a la mañana, le dio el dolor más fuerte y cuando llamó al médico, la misma preocupación: que le duele al respirar. Esta vez nos fuimos al Northwest porque ahí está su médico. La internaron casi enseguida.

TERCERA INTERNACIÓN

Esta vez intervino también un gastroenterólogo para asegurarse que por ese lado no haya complicaciones. Parece que lo más probable es que la infección grande que tuvo, la peritonitis, le dejó algo ahí jodiendo. La sonda, cuerpo extraño que el cuerpo parece no aceptar o que acarreó una patota bacterial cuando la pusieron, tiene que salir. Eso será mañana jueves, y es un proceso fácil según explicaron.

Por ahora, está dormida porque decidió que esta vez lo mejor es endrogarse para no andar sufriendo los dolores. También, ahora ya sabe más sobre qué le hace mal y qué no o por qué vía es más tolerable. Cosas que uno va aprendiendo medio a la fuerza.

Como trabajo jueves y viernes y ya pedí días libres para la semana que viene cuando empieza la quimioterapia, América dice que mejor que vaya. Ya hizo llamados y se armó de un batallón de amigas que le habían insistido mucho en que recurra a ellas en cuanto necesite algo. No se quiere quedar sola.

Yo ando muy gitano, me armé de una mochila de viaje como para andar cambiando las cosas de mi camioneta a su Toyota, de su departamento al hospital y de mi casa a Children's (el trabajo).

Foto: en la sala de la guardia (ER – emergencia) esperando que nos vengan a buscar para llevarnos al cuarto en el que pasaremos la noche.

Buenas noches, me voy a extender mi colchón hospitalario-berretón en el suelo, libero mi bolsa de dormir y trato de descansar entre el ruido de la bomba y las visitas de la enfermera que toma signos de lo más vitales cada unas cuatro horas.

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