Jueves a las siete y media de la mañana.
Estamos aprontándonos para salir
hacia el Northwest Hospital donde la esperan las drogas quimioterápicas.
América está de buen ánimo aunque
un poco preocupada. No durmió muy bien pero sabe que se va a sentar en ese sillón
y se quedará bien dormida por unas horas y eso la tranquiliza.
En algún lado de este mar de
techos grises, suena una alarma. Con la ventana abierta la escuchamos muy bien
y, después de las sirenas, se ve llegar a los bomberos. Pero no podemos a ver qué
pasó porque el problema nos queda tapado por un edificio.
Como finalmente llegó la primavera a esta parte del mundo, nos levantamos temprano y abrimos la ventana para que entre aire con rayos de sol diluidos, el sol que se viene ocultando hace mucho. Anoche en las noticias dijeron que desde octubre no hay 4 días seguidos de sol en Seattle. Perame que saco la cuenta… (…y 8, 24 y 8, 32…)… como un rato largo sin cuatro días seguidos de sol, ¿no?
Como finalmente llegó la primavera a esta parte del mundo, nos levantamos temprano y abrimos la ventana para que entre aire con rayos de sol diluidos, el sol que se viene ocultando hace mucho. Anoche en las noticias dijeron que desde octubre no hay 4 días seguidos de sol en Seattle. Perame que saco la cuenta… (…y 8, 24 y 8, 32…)… como un rato largo sin cuatro días seguidos de sol, ¿no?
Jueves, día de la cuarta
quimioterapia. Todos decimos “falta poco, en dos meses va a haber terminado casi
todo”. Pero para ella el tiempo es chicle y esos dos meses, tiempo tan corto
para nosotros, es una pequeña eternidad.
Pensé que hoy el ánimo estaría un
poco más decaído pero no es así, por suerte. ¿Será el sol?
América estuvo
con sus nenas y haciendo gimnasia. Estaba contenta anoche porque hay máquinas
nuevas en el gimnasio del complejo Archstone, su lugar de residencia. Siempre me
dice que: “hacer ejercicio me hace mucho
bien”.
Hice cambios en el trabajo, así que
esta noche y mañana voy a poder estar con ella.
Seguimos en carrera.

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