Corría la primera mitad de la década de los 80, yo era alumno de la Escuela Nacional de Agricultura de Bell Ville. Un día, se acercaba el momento de un acto patrio y la regente Emma Tribuzio se acercó a preguntar quién se ofrecía para encargarse de la música. Inmediatamente pegué un salto para aceptar la tarea y me erigí en el discshókey oficial.
La tarea consistía en permanecer en la oficina de la Regencia para operar el wincofón colocando la púa exactamente en el lugar indicado para que sonaran las estrofas del Himno Nacional y de los demás cantos patrios que acompañaban aquellas ceremonias solemnes y protocolares. A partir de entonces, cada vez que sabía que se aproximaba un acto, me presentaba en la oficina para recordarle a la señorita regente que yo era el encargado de la música.
La recompensa era invaluable: mientras mis compañeros tenían que estar parados inmóviles en formación durante todo el acto, yo disfrutaba del privilegio de quedarme en la regencia, junto al tocadiscos, cumpliendo muy feliz mi cómoda pero importante misión patriótica
No hay comentarios.:
Publicar un comentario