Campeche

CAMPECHE

Salimos de Mérida un poco tarde y llegamos a lo que sería la gran sorpresa de nuestro viaje, especialmente para América. Campeche, el casco histórico, lo que alguna vez fue la ciudad amurallada sobre el hoy llamado golfo de México.
Igual que muchas ciudades o pueblos coloniales de México, como Cartagena en Colombia, Ouro Preto en Brasil o Colonia del Sacramento en Uruguay, entre otras, Campeche tiene esas callecitas de casitas coloniales de colores rodeadas de una muralla fortificada que de verdad me gustan mucho. Un día, tal vez ya jubilado (si es que un día realmente me puedo jubilar) me gustaría pasarme un buen tiempo en una de estas ciudades o pueblos, dedicado a leer y escribir y también a conocer a su gente y, lo que me gusta mucho, escuchar sus historias.


Nos en-can-tó Campeche. América se tomó una margarita (siempre las pedíamos en las rocas, sin sal y con poco jarabe) y yo una cerveza de Yucatán en el lugar que nos pareció más atractivo; un balcón sobre la plaza. Caminamos las callecitas, no sacamos fotos, felicitándonos por haber parado y recorrido este lugar. Llegó un momento en que, caminando ya de noche, nos perdimos y no sabíamos por dónde volver a la plaza donde habíamos dejado el auto. Lógicamente, no nos importó seguir vagando por esas callecitas, sus puertas antiguas de madera y hierro forjado, la iluminación con esos faroles negros y la muralla alrededor.


Salimos de Campeche cuando ya había caído la noche. Como para situar al amable lector en situación, debo aclarar que en esa parte del mundo siempre anochece bastante temprano. A pesar de la cercanía al ecuador, no hay que olvidar que es invierno y los días son un poco más cortos en el diciembre del hemisferio norte. Como para que los amigos lectores que me siguen y que han llegado a este punto de la lectura sin aburrirse y abandonar, tengan una idea, la península de Yucatán está a la misma distancia del Ecuador que el norte del estado de Río de Janeiro o Iquique, en Chile.

No hay comentarios.: