detalles de mi cuevita
La foto que sacamos en la puerta de la casa de Martín, Gabi y Paula, en Cipolletti. Mientras, Martín hacía un asado. La puse en la heladera (en la puerta) junto al cartel de la Universidad Real del rey de Tailandia y el elefante que compré allá. La foto que martin me mandó, alzando a Paulita. La imprimí y me quedó bien en la pared del baño.
Seattle, junio de 2007
l a s F O T O S !!!
Saqué fotos en la estadía.
Las mismas (no las distintas) se pueden ver en un sitio llamado Picasa WEB
Aquí están: (hacete un click en el link para ver el album)
Las de la gente en Buenos Aires:
http://picasaweb.google.com/javierwa/GenteEnBuenosAiresEnEl2007
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La visita a casa de Paula Wasserzug y sus padres, Martín y Gabi:
http://picasaweb.google.com/javierwa/CipollettiYPaulita

Y por ultimo, las de la ciudad de Buenos Aires:
http://picasaweb.google.com/javierwa/BuenosAiresMayoDe2007
ya en Seattle
La llegada a mi cuevita fue de lo mejor. Después de la agitación de Buenos Aires, me vino bien un poco de paz. Claro que en unos días más se convierte en “demasiada paz” para pasar a ser “aburrido” un poco más adelante. Pero, por ahora, todo bien.
No me puedo afeitar, la afeitadora quedó en la mochila. Ya recibí trabajo, tengo una traducción para hacer, para el lunes. El clima de lo mejor, unos veinte grados que sumado a las flores que hay siempre en esta época en Seattle y el sol abundante. Esta tarde saldré a andar en bici.
Prendo la tele, se parece un poco, pero en inglés. Se habla de “American Idol” o de otras noticias importantes que no son más que lo que pasa en sus propios programas de TV. El noticiero local cuenta como en un barrio que nunca pasa nada, un adolescente bueno y callado, enloqueció y baleó a su vecino. Como baleó a uno solo, no sale en tanta noticia internacional, supongo.
Llegada a USA
Tuve suerte que no me revisaron en el Servicio de Agricultura y no me sacaron los sánguches de miga que me llevé de una panadería de barrio. Deliciosos, estaban. Esa fue mi alimentación en el aeropuerto de Atlanta.
Había una zona donde te tomaban el equipaje que había ya pasado por aduana para las conexiones pero se me ocurrió que si lo mandaba como estaba no lograba más que confusión, el vuelo que indicaba en la etiqueta ya habría salido.
En Atlanta, decía, me encontré que era tarde para abordar mi conexión a Los Ángeles de donde tomaría un tercer avión hacia Seattle. Por eso, debía dirigirme al mostrador de “re-booking”. Pero, la cola que tenía que hacer era kilométrica. Parece que como se venía fin de semana largo (el lunes es feriado) y estaba todo el ejército invasor haciendo cola, con uniformes y todo. La escena podría muy bien usarse para una película, había mucho uniforme ahí, hombres y mujeres, blancos, negros, altos, bajos. La mayoría del ejercito pero también se veían unos marines. Unas mujeres de cierto grado, supongo, los llevaban a la fila gritando como si fuera que se portaron mal. Curioso, no es que las ordenes militares a los gritos sean nuevas para ya que pase 14 meses en un loquero de esos. Lo distinto en este caso es que eran mujeres. Otra mujer pero con uniforme del personal de seguridad del aeropuerto grito órdenes a la horda uniformada en una o dos ocasiones. Será que le gustaba el estilo militar porque parecía una sargenta más.
Todos con papeles oficiales en mano, calculo que seria al pasaje que el gobierno les da. Tenía membrete de una agencia de viajes, así que supongo que alguien esta haciendo mucha plata como intermediario de todo este personal militar que se mueve por todo el país.
Era claro que esa cola me llevaría mucho tiempo. Traté de encontrar un teléfono para hacer el trámite de revocación de vuelo, pero no había ninguno a la vista, y tampoco cerca según me informaron ahí. Traté de salirme hacia la zona de check-in y boleterías, pero no me dejaron porque tenía el equipaje conmigo etiquetado para LXA (Los Ángeles). Finalmente, le expliqué mi situación a un señor alto de saco azul que organizaba e informaba. Habló con alguien de Delta y me llevó a un teléfono. Del teléfono pasé a un mostrador donde había otros en la misma situación provenientes de otros continentes. En el mar de uniformes, nosotros, los civiles, nos destacábamos muchísimo.
Después de mucho conversar, parecía que ellos también estaban en problemas porque no encontraban informaciones en las pantallas y no les salían los papeles que tenían que salir de las impresoras, les dije que me dieran un hotel y que saldría gustoso en un vuelo a Seattle la mañana siguiente. Pero no, me pusieron en standby en un vuelo directo que salía en una hora. Estaba en el puesto décimo y me dije “no voy alcanzar a entrar, seguro me dan hotel”. Me parece que fue esa posibilidad que hizo que me hicieran entrar en el vuelo. Claro, a otras personas que estarían esperando en la misma situación, no les tenían que dar nada porque no estaban en tránsito como yo. Me paré frente al mostrador, junto a la puerta de embarque y me llamaron ¡“uáserzag”! fue así que en lugar de volar a Los Ángeles y de ahí a Seattle llegando a las ocho y media, volé directo y llegué al mediodía.
LA VUELTA
Cuando me metí en la autopista hacia Ezeiza, la cantidad de vehículos me sobresaltó. Estuvo congestionado por unos minutos y después, todo bien, rápida la circulación. Llegué a Ezeiza muy temprano, no hice cola para el check-in y hasta me tomé un Gancia en el muy mal atendido bar del primer piso. Lo tomé como alegre experiencia folklórica de despedida. Y me dirigí a pagar el diezmo menemista (con perdón) a los concesionarios feudales del aeropuerto. Cincuenta dinares rioplatenses.
El avión estuvo en la manga como 45’. Se veían aviones que salían y el nuestro no. Chileno, brasilero y quien sabe que otros salían. El de Continental y el mío, de Delta, esperaron un rato largo. Y a mí, mirando por la ventanilla, se me ocurrió que debe ser por lo que la empresa americana (tan concentrada siempre en la seguridad) optó por hacer en respuesta al asunto éste de la seguridad aeroportuaria tan de actualidad en Ezeiza… El piloto explicó por altoparlantes que se debía a que había muchos aviones en la fila para despegar. Claro, como van a decir que no quieren salir hasta asegurarse que no hay tráfico intenso y que no van a haber choques en los aires argentinos.
El vuelo, bien, la verdad que dormí mucho y me pude hacer de una salida de emergencia, llamada también, “emergency exit”. En estas filas que dan solamente a quienes aparecen aptos para moverse en casos de emergencias a la inspección visual de los representantes de la empresa, hay mucho espacio para piernas largas como las mías. Dos asientos para mí solito. Un lujo asiático.
No me imaginaba lo que sería cuando llegara a Atlanta.
Intituto Santa María Del Buen Aire
NO HAY NADA.
Busco a la gente de la escuela primaria y no hay nada en Internet, nada.
Por eso, se me ocurrió por lo menos publicar aquí algunos nombres, como para que si alguien hace una búsqueda en Internet, algo aparezca. Capaz que alguien se comunica.
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Esta gente nació alrededor de 1965. Algunos se fueron a otra escuela a los diez, otros a los once.
Entre los que pasamos varios años en esa escuela y los que terminamos (yo casi que terminé, me quedaban tres meses), en la ciudad de Buenos Aires en 1977 en la escuela Santa Maria del Buen Ayre que estaba en la calle Mansilla entre Aguero y Gallo:
Marcelo Abril (era siempre el primero de la lista)
Esteban P. Campanari
Guillermo R. Becco
Pablo C. A. Pregoni
Carlos A. Mazzaccara
Marcelo Sigol
Martín Baldana
Belén Gomez Tena
Eduardo López
Carlos María Toledo
Casiano A. León
Viviana Fernández
Eliana Giménez DaSilva
Mariana Guitelman
Mariana Pugnali
Alcides Díaz
Santiago Hechart
Nydia Banfo Matheu
Mariana Katz
Leonardo Vignale
Fernanda Fernández
Carolina Nachón
(?) Salgueiro
María Belén Gómez Tena
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Mis más sinceras disculpas si me olvido de alguien, imagínense, la memoria... ¡a mi edad!!
Cuando pueda escaneo y pongo una de las fotos que tengo de aquella época! Lo que pasa es que están en casa de mi vieja, en Buenos Aires y yo estoy a mas 10000 km. del Río de la Plata.
Algunos apellidos, no me los acuerdo. Otros, me acuerdo las caras, pero no los nombres. Algunos/as estuvieron en alguna época, pero no la mayoría de esos años que pasamos todos juntos, tantas horas en esa escuela tan chiquita.
DEBO ser el único sin hijos. Habrá quienes ¡YA son abuelos!
