BARCELONA, ¡si!

Ni bien llegué, salí del Metro, no me pude resistir y me senté a tomar un cafecito.

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Todo más que bien, me trataron a cuerpo de rey. Me llevaron a pasear, me sirvieron los mejores vinos Rioja, mate, café, riquísimas tapas, me lavaron la ropa y me la secaron.
Geraldine, mi bella sobrina, me cedió su cama cuando no la necesitaba y hasta venía con cuarto privado e Internet.

Como si todo esto fuera poco, ¡me invitaron a que vuelva y me quede más tiempo!

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